Fuente del Torico en cerámica turolense

LA CERÁMICA TUROLENSE

 

La cerámica tradicional turolense, aparece entre los siglos XIII y XIV. Estamos en el incio de una auténtica cerámica mudejar; cerámica que se desarrollará de igual manera en los siglos siguientes.
Se presenta como una de las pocas en las que se incluyeron todas las especialidades del barro, desde la cantería y la ollería a la producción de vajillas y azulejos, no faltando la tejería y ladrillería. Estas formas de artesanía, se han ido coservando a través de los tiempos, como consecuencia de la permanencia en nuestro país, y en la capital turolense, de muchos maestros azulejeros de tradición y raigambre moras. Indudablemente, estos artesanos de la arcilla siempre han ocupado un lugar importante en la historia de esta ciudad.
Consultando los Fueros de Teruel, podemos comprobar que esta actividad artesana de la arcilla estaba enfocada tanto a la producción de ladrillos y tejas para la construcción (muy presentes en el patrimonio histórico turolense), como a la elaboración de piezas de cantarería de torno, ollería vidriada, vajilla, cerámica para la construcción y tinajas. Así también, en los Fueros Turolenses, pueden comprobarse las medidas, precios y sanciones que todo artesano de este gremio debía respetar escrupulosamente:
- Las tejas debían estar cocidas perfectamente, de tal manera que aguantasen las inclemencias del tiempo. Su medida debía ser: dos palmos de largas, palmo y medio de anchas en la parte más ancha y un palmo de ancha en su parte más estrecha.
- Los ladrillos, también debían estar perfectamente cocidos, siendo sus dimensiones: un palmo y medio de largo, un palmo de ancho y dos dedos de grosor.
- Las ollas, cántaros y demás vasijas se vendían de acuerdo a su capacidad y debían estar bien cocidas porque de lo contrario, si se rompían, era el propio ollero quien las pagaba.
Pero además de todo lo anterior, estos gremios también se dedicaron a la elaboración de piezas de cerámica, y así podemos encontrar desde piezas bicolores de origen andalusí utilizadas en la vajilla, hasta piezas monócromas vidriadas almohades utilizadas en las torres mudéjares, como por ejemplo las piezas vidriadas de color morado, verde y meladas de la iglesia de Santa Maria de Mediavilla (1257) y la de San Pedro (1319), las cuales fueron vidriadas a base de un barniz de plomo coloreado con distintos óxidos. En las torres de El Salvador (1277) y San Martín (1315) se utilizó el color blanco, conseguido con barniz de estaño y los colores verde y morado conseguidos a base de cobre y manganeso respectivamente.

Jarra de pico de cigüeña. ( S.X V )
Plato de cerámica azul (S.XVII )
Modelado de piezas

En la sala IV del Museo Provincial de Teruel, podemos contemplar la más completa colección de cerámica vidriada y decorada, salida de los alfares turolenses desde el siglo XIII hasta nuestros días y con una variada temática, especialmente a lo largo de los siglos XIII, XIV y XV. Durante el siglo XV se introdujo además el color azul (obtenido calcinando el cobalto) imitándose las producciones de otros alfares. Más tarde, en el siglo XVIII, se decoraron a esponja, igualmente en azul, albarelos, bacías, fruteros y otras piezas. A partir de este momento se utilizaron otros colores como el amarillo o verde claro, perdiendo la cerámica parte de su esplendor, hasta que en la primera mitad del siglo XX, renace de nuevo con fuerza.
En la técnica utilizada estaban implicadas un gran número de personas además de las propiamente cualificadas o expertos en estos menesteres: familiares, aprendices, oficiales, los leñeros o transportistas de la leña para los hornos, los transportistas de la arcilla, molineros, arrieros o transportistas de las piezas elaboradas, mercaderes encargados de las ventas, etc.

Fuente realizada con distintas piezas de cerámica turolense. Jovicarso 1994
Al ser Teruel una zona de excelentes arcillas,estos gremios estaban asentados, con vivienda incluida, muy cerca de las zonas o canteras de donde obtenían la materia prima; de esta forma les era bastante fácil y cómodo acarrearla hasta la explanada de su obrador. Tras transportar la tierra, procedían a extenderla y triturarla mediante un rodillo de piedras tirado por caballerías. Una vez triturada, obtenían el finísimo y limpio polvo ayudándose de un cedazo. A continuación se pasaba a depositar el polvo en balsas y mezclarlo con agua para, después de amasarlo con pies y manos, obtener un barro que, mediante proceso de decantación, pasaba a una segunda balsa, habiéndose quedado en la primera toda el agua sobrante.
Conseguido el barro, se trasladaba al interior del obrador y se colocaba en grandes recipientes de los que se obtenía diariamente la cantidad necesaria para trabajar.
Para la confección de adobes, tejas y ladrillos se utilizaban moldes de madera generalmente. Para la fabricación de tejas se utilizaban moldes curvados, mientras que para los ladrillos y adobes, otros en forma de caja.
Aunque el adobe era considerado como material de gente pobre, lo cierto es que lo fabricaban tanto las familias a nivel particular como los propios ladrilleros y tejeros. Era una especie de ladrillo con unas medidas aproximadas de 30 x 25 x 10, que se obtenía mezclando arcilla, arena, paja y agua en las proporciones adecuadas a fin de conseguir una masa compacta. Esta masa se depositaba en los moldes correspondientes y cuando se había evaporado el agua y el ladrillo presentaba la consistencia adecuada, se sacaba del molde y se colocaba al sol para su secado. Su rigidez y consistencia dependía de las adecuadas proporciones de arcilla, arena y esencialmente de la paja, ya que es la que evitaba que se agrietase la pieza. De todas las maneras se podía prescindir de ella y conseguir también unos excelentes ladrillos siempre que en la mezcla hubiese la suficiente cantidad de arcilla. Con estos y no otros ladrillos, fueron construidas las bellas torres mudéjares de Teruel.

Cerámica turolense . (S.XX)
Cerámica turolense . (S.XX)
Cerámica turolense . (S.XX)

Para la realización de piezas de cantarería, ollería y vajilla se utilizaba el torno, con el que las manos del alfarero modelaban las piezas correspondientes ayudado por útiles tan simples como:
- El albañal : recipiente con agua donde humedecía las manos.
- La media escudilla: con la que daba forma el fondo de los platos y cuencos.
- Un pedazo de cuero: para alisar la superficie de las piezas
- La tajadera o trozo de caña: con la que cortaba el fondo de algunas piezas.
- Un pedazo de hilo: con el que cortaba la pieza separándola del resto del barro.
Algunas piezas como los cántaros se realizaban en dos veces: en la primera se modelaba el cuerpo, se dejaba airear un tiempo y después se colocaban las asas y el cuello. En la segunda se terminaban los suelos y repiés y se colocaban los vertedores, asideros y demás piezas complementarias.
Terminado el modelado y conseguida la pieza, se depositaba en los hornos para su cocción. Eran dos los tipos de hornos utilizados:
- Uno era el horno donde se cocían las piezas. Constaba de dos cámaras, tiro vertical y bóveda fija.
- El otro era el horno de barniz, donde se depositaban las piezas tras haberles aplicado la capa de barniz correspondiente.
Y así, de esta manera, con estos materiales y el trabajo, esfuerzo y originalidad, fueron levantadas y decoradas las maravillosas torres mudéjares de la ciudad de Teruel; las más bellas obras del mudéjar español, declaradas por la UNESCO, en 1986, Patrimonio de la Humanidad.

 

 

BIBLIOGRAFÍA
* "Rutas Aragonesas" - José L. Acín y Ramón Acín - Grupo Zeta - Zaragoza, 1998.
* "Teruel, Albarracín y Montes Universales" - Antonio Pardo - Susaeta ediciones.
* "Teruel y sus serranías" - Manuel Mercadal Ferreruela y Luis Lorente Villanueva - Editorial Everest, 1998.

 

 

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